El tenista mallorquín no solo es el mejor deportista español de todos los tiempos, sino que, además, muestra tal sensatez, modestia, inteligencia, carácter y empatía que le convierten en un sano ejemplo para los nefastos políticos de este país
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| Fuente: deportes.terra.es |
¿Se imaginan a un político de este país pidiendo a decenas de periodistas que le esperaban en el aeropuerto que se desplazaran unos metros más atrás para que los pasajeros que salían por la puerta que da acceso a la terminal puedan hacerlo sin problemas por la aglomeración de profesionales con cámaras y micrófonos? No, verdad, pues para ver esta imagen tendríamos que tener autoridades que, ante todo, pensaran en los ciudadanos a los que representan y no en su imagen o interés. Sin embargo, sí que hemos vivido estos días como Rafael Nadal, para muchos el mejor deportista español de la historia, hacía esta petición a los plumillas en el aeropuerto de Barajas, nada más llegar de Nueva York, tras batir al número uno del mundo, Novak Djokovic, y adjudicarse por segunda vez en su carrera el Abierto de Estados Unidos. Este simple hecho protagonizado por el tenista manacorí refleja claramente cuando una persona está acostumbrada a pensar en los demás antes que en sí misma y cuando otros solo tienen en mente su beneficio.
