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martes, 16 de abril de 2013

Cuando Messi está lesionado no es mejor jugador que ninguno de sus compañeros

La decisión de que jugara renqueante ante el PSG evidencia una dependencia del delantero argentino injusta y un agravio al resto de los jugadores del Barcelona que no se merecen sufrir


Fuente:gol.com
Messi es el mejor jugador del que se puede disfrutar en estos momentos en los campos de fútbol del mundo. Muy pocos cuestionan esta afirmación. Su capacidad goleadora, unida a su fantástica técnica y a su velocidad de movimientos le convierten en un futbolista genial, imprevisible y capaz de crear acciones y jugadas nunca vistas antes en este deporte (Cristiano Ronaldo le sigue muy cerca, pero no alcanza a compartir el número uno). Su enorme capacidad para desequilibrar a los equipos rivales le ha valido para ayudar al Barcelona a situarse en la cumbre del fútbol mundial durante la última década. Pero aun reconociendo todas estas realidades, la Pulga no es Dios. Es decir, no es infalible y su presencia no conlleva la victoria segura y la rendición del rival. Messi es humano y, como tal, falible. Y cuando un deportista está lesionado, su rendimiento disminuye notablemente, se llame Leo, Kobe, Novak, Fernando o sursum corda. Y por muy bueno que sea, un compañero de equipo, por lo tanto de un nivel similar, ofrece mayores garantías de ejercer su tarea con más eficiencia.

Por eso no se puede comprender que un equipo como el Barcelona, que en los últimos años ha ganado más títulos que todos sus principales rivales juntos, se vea en la necesidad de recurrir a Messi como los cristianos lo hicieron con el Cid Campeador después de muerto. La decisión de Tito Vilanova de hacerle jugar en el partido de vuelta de los cuartos de final de la Liga de Campeones ante el Paris Saint-Germain fue un desatino mayúsculo, pues el riesgo de que el delantero argentino hubiera sufrido una lesión mucho más importante se incrementó de manera exponencial. Su contractura en el bíceps femoral de la pierna derecha, sufrida en el partido de ida, podía haberse convertido en una profunda rotura de fibras, que hubiera alejado al crack de su actividad durante más de un mes, en el momento más trascendente de la temporada. Los servicios médicos y técnicos del club enseguida salieron a los medios para asegurar que la lesión de Messi no había empeorado, pero la evidente cojera del número uno sembró de intranquilidad la grada del Camp Nou.